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1996
Publicado: Libro Diseño Grafico en Venzuela
Identidad corporativa
Mucho se ha escrito sobre imagen corporativa, entre otras cosas, porque el propio término resulta ambiguo. La primera desviación se relaciona con el hecho de que no sólo las grandes corporaciones requieren de una estrategia de reconocimiento. Inmersos en un ambiente de lucha por el espacio y por la atención, todos los entes, las ideas y los individuos aspiran a diferenciarse. Si a ver vamos, hasta el Ken, el “amigo” de la Barbie, necesita ser identificado. Relegado durante 33 años, existiendo a la sombra de su compañera, sólo recientemente ha comprendido el muñeco la exigencia de hacerse más específico respecto a la célebre maniquí. Ahora se le puede ver con las mechas rubias, un zarcillo de plata, chaleco azul lavado y chaqueta sin mangas. Hoy sabemos con seguridad que la Barbie y Ken jamás habrán de casarse.
Entonces ¿dónde son específicos los problemas de identidad corporativa? En el hecho de que es posible establecer una diferencia entre los productos y servicios que genera una persona o empresa y las características visibles de dicha persona o empresa, como por ejemplo los membretes de las cartas que envía, los camiones de reparto, el perfume de la recepcionista, o el uso de la corbata. La cosa se complica porque en la práctica no existe un paralelismo incontaminado entre ambos asuntos, pero ciertamente pueden ser diferenciados. Los buenos diseñadores de identidad visual manejan micrométricamente esa distinción, conscientes de que el éxito de una organización o persona depende de la coherencia de ambas variables.
Los ejemplos traídos a DGV se destacan por adaptarse enfáticamente a esa definición. En el caso de Neutroni, los aciertos comienzan por el nombre, paronomástico de neutrino y por supuesto de neutro: como se sabe, la empresa aspira a que sus productos sean respaldados por ambos sexos y mayoritariamente por gente flaca; eso pareciera sugerir el cuerpo orgánico de estímulos visuales. Y allí cuenta la operación tipográfica. Neutroni ha tenido la virtud de conferir ubicuidad entre nosotros al fundador de la tipografía moderna, Giambattista Bodoni, emblema de la nitidez, el buen gusto, el encanto y la regularidad. Con Bodoni nace la medida y la estandarización en la construcción y la disciplina de las formas, y con ellos la celebración del espíritu de la máquina.
Todos los elementos de identidad en N E U T R O N I resudan la coherencia y la ironía patente en sus productos. Las cajas y el papel de regalo, las tarjetas de ubicación de la mercancía y de promoción de descuentos, las cintas de embalaje, la papelería, la vitrina desnuda. La gente llega a sentir que esta comprando cosas importadas por en sencillo motivo de que todavía nos resulta inusual adquirir productos venezolanos concebidos integralmente desde la perspectiva del diseño, la identidad gráfica allí incluida.
En un principio, a mediados de los ochenta, se le exigió antipatía, desgano y automatismo a los empleados de trastienda, al menos, eso suponía la gente, lo cierto es que, intencional o no, la particularidad llego a rendir notoriedad en la empresa y a atraer paradójicamente a los compradores.
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